Argentina y la crisis internacional

 
El país tiene algunas ventajas genuinas que, bien utilizadas, podrían volverse importantes.
  Guillermo Ondarts, economista y vicerrector de Investigación de IUEAN, analiza las posibilidades de la Argentina ante la situación financiera internacional. Para él, existen oportunidades de capitalizar la situación global.

centrales aumentó el costo del crédito, se redujo la financiación por tarjeta, etc. y las amas de casa y consumidores se volvieron más conservadores. Esto significa menos ventas y menos producción en todos los órdenes. Los productores anticiparon esta merma, acelerando la recesión. Los pronósticos simplistas, que estimaron que con las operaciones de rescate de los “activos tóxicos”, el fortalecimiento de los bancos y las garantías de los depósitos, etc. el tema habría quedado resuelto, han sido superados por la realidad. La Reserva Federal de los Estados Unidos habló de un plazo de dos años y el Banco Central de Inglaterra de cinco. Evidentemente, este año y el próximo serán contractivos para las grandes economías tradicionales y los países emergentes más dinámicos reducirán sustancialmente su crecimiento o tendrán directamente retrocesos. Esto se transmitirá a la economía de los restantes países. Con mucha suerte y coordinación mundial, hacia fines del año próximo la situación podría comenzar a revertirse y tomará al menos otro año más en recuperarse.

C&N: ¿Cuáles son las perspectivas para los países emergentes?
GO: Para algunos, al menos hasta hace unos días, la economía argentina estaba blindada y la crisis no tendría consecuencias significativas. A pesar de que ya estamos observando efectos, había ciertos elementos importantes para sustentar esa idea: La posición de reservas internacionales es sólida, las cuentas fundamentales tienen el signo correcto (superávit fiscal y comercial), el endeudamiento interno es reducido. El país, debido a que aún se encuentra convaleciente de su propia crisis, ha construido cimientos bien firmes, en parte por decisión propia y en parte porque no resultó ni resulta una plaza atractiva para los inversores y especuladores internacionales. Paradójicamente, esta debilidad lo encuentra mejor parado financieramente que la mayoría de los países. Los pesimistas, en cambio, prevén que sobrevendrá conjuntamente una mayor necesidad de finanlos

ciarse internacionalmente, tanto por la evolución de la deuda como por un posible quebranto en la balanza comercial de 2009 (exportaciones menores e importaciones mayores), con una mayor dificultad para obtener esta financiación. Sostienen que en la crisis, los capitales se vuelven más prudentes y buscan la seguridad. Pocos invertirán o prestarán a la Argentina y si lo hacen, pedirán una tasa aún más alta. Por otra parte, descuentan la continua caída en el precio de las “commodities”, entre ellas la soja, el maíz, el trigo, etc., asociada al menor crecimiento o probable decrecimiento global. Por último, advierten sobre la situación de Brasil, principal socio comercial del país. Fuertemente impactado por la crisis y la salida de capitales, ha devaluado sustancialmente lo cual implica evidentemente más dificultades para nuestras exportaciones y más competencia de productos brasileños en el mercado local.

Obviamente, la Argentina tiene algunas ventajas genuinas que, bien utilizadas, podrían volverse importantes y transformar el problema en una oportunidad. En forma objetiva, en un momento en que las mejores economías han dejado de ser una opción para los inversores, nuestro país posee un sólido sistema financiero, superavit fiscal y comercial, y su aparato productivo está basada en la producción alimentos, cuya demanda sin duda será la última en decaer, aunque los precios disminuyan. No hay muchas combinaciones mejores en el mundo. La recesión será más profunda entre los fabricantes de equipos de producción, celulares, computadoras, electrónicos, medios de transporte, indumentaria, calzado, etc. En mi criterio, si se pudiera presentar una imagen creíble de Nación, dando muestras de previsibilidad, seguridad jurídica y garantías o, al menos, propósitos de orden e institucionalidad, la crisis, sin desdeñar los efectos iniciales negativos de la recesión en la industria y la ocupación, podría beneficiar al país, al menos en términos relativos.

¿Ningún impacto, serio contratiempo para la recuperación o gran oportunidad? La crisis financiera internacional adquirió una dimensión inusitada y hoy preocupa tanto a gobiernos y empresas como al ciudadano común. Conversamos sobre el tema con Guillermo Ondarts, economista y vicerrector de Investigación de IUEAN.

Carreras & Negocios: ¿Cómo se origina la crisis?
Guillermo Ondarts: Las circunstancias están claras y los especialistas, que ya han hecho la autopsia, describen detalladamente las causas. A grandes rasgos, el factor desencadenante fue la deuda “subprime”, de préstamos hipotecarios con escasa o nula regulación, concedidos con frecuencia a deudores poco solventes. Estos préstamos fueron “empaquetados”, supuestamente para neutralizar el riesgo, combinando documentos, para formar uno nuevo de riesgo compensado. Estos “paquetes financieros”, con nombres muy atractivos y alta rentabilidad, crecieron exponencialmente, ingresaron a las carteras de todos los bancos e inversores y fueron diseminados por el mundo. Pero, al menor temblor, los títulos comenzaron a demostrar su insolvencia, lo que precipitó la caída del valor de las propiedades que

los respaldaban, generando un derrumbe imparable. Tomando un poco de distancia, resulta evidente que la sucesión de enormes déficits fiscales y comerciales por parte de Estados Unidos tenía su correlato en grandes acumulaciones de dólares en el mundo, los que volvían en buena medida, en forma de inversiones financieras, principalmente en Letras del Tesoro. Esta disponibilidad de dólares mantuvo las tasas de interés bajas y permitió seguir invirtiendo y apalancando los títulos que contenían esos activos riesgosos. Este circuito posibilitó sostener la expansión del consumo en los Estados Unidos y aceleró la economía del mundo, pero, como muchos observadores advirtieron, no podía durar indefinidamente. La burbuja estalló circunstancialmente por donde era más débil, debido, evidentemente, a problemas estructurales que venían de larga data.

C&N: ¿Es posible estimar el tiempo que durará la crisis ¿Qué nos puede decir al respecto?
GO: Lo que vimos –los salvatajes, la caída de Wall Street, etc.–, es sólo el momento en que la ola estalló, es decir, la rompiente. Ahora comenzó a transmitirse a los mercados reales, del consumo y la producción. En los países