Autoevaluación: el factor docente. [Por Ricardo Beylis]

Defino a la evaluación como el proceso mediante el cual se construye información para saber en qué medida se ha alcanzado el modelo al que se aspira. Tanto en el ámbito institucional como en otros, evaluar no debe tener como objetivo sancionar sino develar dificultades. Esto permite, en una segunda etapa, abordar las soluciones con la participación de quienes están involucrados.

 

A su vez, evaluar supone una mirada reflexiva sobre cómo, a quién y qué se evalúa. De otro modo, se corre el riesgo de emitir juicios de valor o realizar interpretaciones ideológicas que distorsionen la realidad.

¿Por qué evaluar al sector docente?
Un sistema de supervisión debe ser integral, es decir abarcar todos los niveles (ingreso-grado-posgrado), sec-tores (docencia, investigación, extensión, etc.), unidades académicas (facultades, departamentos, carreras, etc.). El carácter integral de la evaluación hace necesario analizar simultáneamente todas las variables que juegan en la di-námica institucional.

Al respecto, podemos tener en cuenta las siguientes consideraciones:
• En toda institución educativa, un cuerpo docente que cuente con una sólida preparación académica y con es-trategias didácticas adecuadas influye directamente y mucho más que cualquier otro factor en la calidad del aprendizaje. El docente es un pilar fundamental de la excelencia académica.
• Es vertiginoso el avance de estrategias de enseñanza-aprendizaje mediatizadas por la informática, lo que cons-tituye un progreso que resultaba impensable años atrás. Es-to trae aparejado nuevos desafíos para el docente, aunque se mantiene intacto su rol como tutor, orientador y guía del alumno. El profesor constituye un modelo identificatorio necesario para la formación del estudiante, imposible de reemplazar. Es proveedor, en sentido bruneriano, de una serie de andamiajes que deben surgir según las necesidades de quienes aprenden. Es en este sentido que se debe re-valorizar su papel como portador de un saber, de valores y de experiencias.

• Es necesario que quienes somos responsables de la con-ducción de instituciones universitarias nos preocupemos por detectar las dificultades de los docentes en el desarrollo de su tarea. Esto lleva a la implementación de políticas que apunten al logro de la calidad, que no es sino la permanente búsqueda de la excelencia. Definitivamente, la calidad de la educación brindada depende estrechamente del modo en que se diagnostiquen y resuelvan las dificultades internas de los diferentes sectores que conforman la institución. Dado que el docente es pilar de excelencia académica, es central prestar especial atención a lo que necesita para cumplir con sus funciones de la mejor manera posible; por

ello es fundamental ofrecer a los profesores espacios para que se capaciten y reflexionen sobre su propia práctica. Un régimen de evaluación interna esencialmente abierto, flexible y participativo contribuye a estos fines.
Estos criterios demuestran que los procedimientos de evaluación que se utilicen deben ser lo suficientemente variados como para contemplar todas las funciones docentes.

Del mismo modo, resulta importante determinar en qué caso un plantel de profesores full-time es necesario para garantizar la calidad académica (ya que esto puede contraponerse, según las disciplinas, a la necesidad de tener docentes que estén en permanente contacto con la práctica profesional).

Por eso, es menester lograr un acuerdo sobre los pa-rámetros de selección, supervisión y capacitación del sector docente o tal vez construir diferentes parámetros para atender las distintas realidades. A continuación su-giero alternativas metodológicas en este sentido.

Procedimientos de evaluación y estrategias de optimización institucional centradas en el rol docente
En adelante describiré un régimen de evaluación cons-truido con la finalidad de lograr un seguimiento del cuerpo docente que consta de 3 fases: la selección, la supervisión y las estrategias de capacitación.

Selección:
En esta etapa es primordial contemplar el análisis de la formación académico-pedagógica y la experiencia pro-fesional. Al respecto y si la disciplina en cuestión así lo requiere, puede considerarse de relevancia el ejercicio de la profesión en la materia del docente aspirante. Se valoran también las actividades de investigación, los libros u otras publicaciones, las tareas de extensión universitaria, su participación en jurados de concursos, su actuación como tutor de tesis o trabajos finales, etc.
La institución debe debefinir la instancia de admisión: concurso, coloquio u otra modalidad.

Supervisión:
El modo de evaluar el desempeño docente dentro de la institución debe centrar la atención tanto en los procesos

procesos como en sus resultados. La diversidad de tácticas, fuentes y agentes de investigación propician resultados de mayor validez. Entre otros, consideramos las observaciones de clases, las consultas a los alumnos, el análisis de los programas y de las planificaciones anuales, los registros de diferentes aspectos administrativos, los coloquios de actualización docente, pedagógica y técnico-científica, los legajos pedagógicos y la autoevaluación.

Capacitación:
El procesamiento de los datos obtenidos a través de los mecanismos de monitoreo y seguimiento y la lectura de los legajos pedagógicos brindan valiosa información sobre ne-cesidades y/o dificultades de los docentes.
En esta fase, es necesaria la oferta de propuestas de mejo-ramiento basadas en el abordaje de las dificultades y de-tectadas en la supervisión. De modo que sobre la base diag-nóstica, el área que se encargue de la Capacitación deberá elaborar proyectos tendientes a satisfacer reales necesidades emergentes, contemplando diferentes estrategias y acciones en beneficio de la excelencia académica.

Estas acciones pueden ser tutorías, ateneos, jornadas, talle-res, cursos y un asesoramiento pedagógico permanentes, entre otras.

Bibliografía:

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